La puerta del corazón
El corazón humano, solamente se abre por dentro.
Una vez, hace mucho tiempo, visité la exposición escultórica de una artista cristiana. En su colección había obras realmente preciosas. Tenía una enorme maestría con el cincel. Casi tan grande como su imaginación. Pero de todas aquellas hermosas piezas, hubo una que me llamó poderosamente la atención. Se trataba de un corazón de piedra caliza con una pequeña puerta de madera, con sus bisagras y todo.
Estaba acostumbrada a examinar cuidadosamente cada pieza para empaparme de su sentido y poder alcanzar a comprender y a sentir lo que aquella escultora quería transmitir, de modo que me quedé mirando atentamente la figura. La miré desde delante, desde los costados, por arriba y por abajo, ya que estaba colocada encima de un pedestal de yeso. Iba ya a poner mi atención en otra obra, cuando reparé nuevamente en el frontal del corazón y en su puerta ¡No tenía manilla exterior! Solamente interior… Aquello me hizo pensar. Dudaba que la artista, metódica, cuidadosa y mimosa con sus obras, se hubiera equivocado. Lo normal era poner manilla por los dos lados de la puerta. Si ella solamente la había colocado por dentro, debía haber alguna razón.
Curiosa, la encontré hablando con una amiga común y me acerqué a preguntarle.
La escultora me explicó entonces que era una representación exacta del corazón humano. Tenía solamente una manilla interior, porque solamente se abre por dentro.
Nadie puede obligarnos a amar ni a aceptar algo que realmente no queremos. Por eso Jesús dice en Apocalípsis 3:20 que él está a la puerta y llama, y que somos nosotros los que elegimos abrir o no. No hay manilla exterior. Y si la hubiera, estoy segura de que el Señor, respetuoso y amante, jamás la usaría. Él quiere que seamos libres para amarle o no. En eso consiste el verdadero amor. No se puede imponer, se puede pedir.
La imagen de aquel corazón de piedra con puerta de madera y solo una manilla interior todavía me acompaña. Me ayuda a recordar que no podemos imponer nada a nadie, porque cada corazón solo se abre por dentro. Podemos llamar… pero no podemos abrir a la fuerza por mucho que lo intentemos. Por eso, necesitamos aprender del Maestro, a llamar de la forma adecuada, y abrirle primero a Él para que pueda enseñarnos.
Esther Azón Fernández (EAF) Redacción CPM
Foto: Malinkrop

