Salvado dos veces
Jesús te ha salvado la vida dos veces. La primera en la cruz, permitiendo que puedas elegir vivir para siempre con Él; la segunda aquí, transformando tu vida y llenándola de sentido.
Cuentan que una mansión muy rica, en la que vivía una mujer con su hijo, se incendió. Todo el personal de servicio y la propia señora de la casa fallecieron.
Mientras los bomberos hacían todo lo posible para apagar el fuego, en la ventana de la habitación del hijo, unas manitas abrieron la ventana y se agitaron pidiendo socorro. Era el pequeño de 6 años.
Los bomberos comenzaron a estudiar la mejor forma de subir a por él, ya que el acceso estaba muy difícil. No se podía entrar por dentro de la casa; el camión con la escalera estaba al otro lado de la misma y el tubo del desagüe que llegaba hasta cerca de la ventana estaba al rojo vivo. No sabían de cuánto tiempo disponían hasta que las llamas se tragaran al muchacho y debían tomar la mejor decisión posible. Pero antes de que pudieran decidir nada, uno de los bomberos más jóvenes comenzó a escalar por el tubo. A pesar de sus protecciones se quemó las manos al subir por las altas temperaturas, pero aquel hombre no descansó hasta que estuvo arriba, puso al niño en su espalda, agarrado a su cuello y descendió con él, justo antes de que una lengua de fuego saliera por la ventana. Aquel valeroso bombero no paró hasta que puso al niño en el suelo. Solo entonces, permitió que le curasen las heridas.
Aquel niño no tenía más familia. Ni padre, ni abuelos, ni tíos. Solamente algunos parientes muy lejanos, a los que ni siquiera conocía, que interesados por su dinero, estaban dispuestos a adoptarlo. Pero el pequeño no quería irse con ellos.
El bombero se conmovió y él y su esposa salvaron al pequeño por segunda vez, ofreciéndole un hogar. Jamás tocaron ni un céntimo de la fortuna que su verdadera madre le había dejado.
Aquel niño jamás olvidó las manos quemadas de su padre. Cuando se sentía movido a hacer algo malo, recordaba las manos quemadas que le salvaron la vida, y rehusaba hacerlo.
Cuando el niño creció, recompensó a sus ancianos padres viviendo la vida íntegra con la que ellos le habían educado. Y cuando éstos murieron, aquel niño hecho hombre dijo en su funeral que nadie podía haber tenido unos padres mejores que los suyos. No solamente le dieron un hogar, una educación y todo su amor, sino que lo hicieron desinteresadamente, y le salvaron la vida dos veces. ¿Cuantos hijos podían decir lo mismo? La mayor parte de su fortuna fue destinada a la creación de una escuela hogar que aquel agradecido hijo llamó con el nombre de sus padres.
Tu también has sido salvo dos veces. La primera cuando Jesús dio su vida por tí en la cruz. La segunda cuando te rescató de tu vida vacía y sin sentido.
En la cruz Él murió por toda la humanidad, pero si solamente tu hubieras traicionado a Dios, Él hubiera dado su vida solamente por tí.
La consecuencia de que la humanidad eligiera vivir lejos de Dios, que es la vida en sí mismo, no puede ser otra que la muerte. Pero Jesús no deseaba que murieses. Te amaba tanto que decidió morir Él en tu lugar, para que tu puedas elegir por tí mismo si quieres estar con Él o no. Gracias a Su sacrificio, ya no es más la consecuencia de la elección de otros. Lo que tu tendrás será la consecuencia de tu propia decisión personal. Tu eliges si deseas vivir con Él eternamente.
Pero además de salvarte en aquel momento puntual de la cruz, Él te salva de nuevo cuando le eliges. Te rescata de una vida sin sentido, en la que te dañas y haces daño a los demás. Te libera de tus adicciones, del rencor, de la culpa, del dolor… y te ofrece vivir a su lado también en esta vida. No tiene nada que ver vivir con Dios que vivir sin Él. Con Él hay esperanza en el dolor, fortaleza en el sufrimiento, paz en la angustia, calma en los malos momentos… Con Él la vida se llena de propósito, de sentido, y alcanza una nueva dimensión.
Cuando te sientas tentado a alejarte del Señor, piensa en las manos de Jesús atravesadas por los clavos de la cruz. Tanto amor no puede ser ignorado.
¿Cómo podrás agradecer al Maestro lo que ha hecho por tí? Él solamente te pide que obedezcas Sus mandamientos y que ames a los demás con el amor con el que Él te ama a tí. Tomado de Su mano podrás hacerlo si así lo decides.
Vive cada día una vida de la que Jesús pueda sentirse orgulloso, con Su ayuda.
Esther Azón Fernández (EAF) Redacción CPM.
Foto: MedEvac71

